La impaciencia provoca ansiedad

 

Una de las actitudes de fondo básicas en la práctica de Mindfulness o atención plena es la paciencia, y su opuesto la impaciencia uno de los obstáculos a sortear para la integración correcta.

 

En todos los cursos y talleres que imparto hablo de ello. Parece ser que cada vez hay más impaciencia en el mundo, y la consecuencia directa de ello es la ansiedad.

 

Por eso cada vez más personas sufren ansiedad, estrés, nerviosismo, etc. Y todo ese  sentir se expresa en el cuerpo de diferentes formas: palpitaciones, hipertensión, problemas de piel, digestivos, caída del cabello…

 

En este artículo aparecido recientemente en la prensa se observa a la ansiedad como el problema mental que más citan los españoles.

http://www.elmundo.es/papel/lifestyle/2017/09/24/59c4d9e9e5fdea40168b45fc.html

 

Aunque yo creo que en general es una epidemia de todos los países “desarrollados”; y lo pongo entre comillas porque me parece un alto precio que se paga por vivir en esa denominada sociedad desarrollada.

 

No parece muy inteligente la forma en que actuamos entonces si creemos que para encajar en esta sociedad hay que vivir a toda prisa, corriendo de un lado a otro, sin pausas, e intentando ganar lo que parece una carrera en contra del reloj, una carrera que de antemano ya está perdida.

 

Esa carrera en la que participas está perdida de antemano pues has confundido el concepto tiempo cronológico con el tiempo psicológico. No habitas el presente y tu mente tiene puesto el objetivo en un momento futuro, algo que es imposible de alcanzar pues cada futuro inmediato se va convirtiendo en presente, pero no te dás cuenta y tu proyección está siempre por alcanzar.

 

Pero toda esa ansiedad comienza en la impaciencia. Por eso cultivar su opuesto, la paciencia, es básico para no dejarse llevar por el malestar.

 

La impaciencia quiere decir que no aceptas el momento presente tal y como es. No aceptas lo que se presenta ahora, ni aceptas el ritmo natural de los acontecimientos. Crees que puedes controlar todo el mundo que te rodea y por tanto que puedes acelerar las cosas.

 

Ese es el gran error. No aceptar el presente. Estar en conflicto con lo que sucede a cada instante. Esa forma de actuar y de no entender la realidad del continuo presente es el inicio del problema. Por eso mismo, la aceptación, es otra de las actitudes de fondo en Mindfulness.

 

Realmente no hay problemas, eres tú quien los crea al no fluir con los acontecimientos. Habrá situaciones en las que se requiera actuar diligentemente o con rapidez. Pero no es eso lo que ocasiona la impaciencia. Entender que no todo está en tu mano y que depende de múltiples factores es fundamental.

 

 

Al final es como el cuento del burro que le ponen una zanahoria colgando de una vara delante de él para que camine creyendo que la va a alcanzar. Eso no sucede nunca pues la vara va atada a su lomo y aunque el burro ve avanzar el camino, la zanahoria nunca se acerca. ¿Te das cuenta?

 

 

Puede que te des cuenta ahora. Pero yo se que tu mente te empieza a decir al mismo tiempo: “si claro, si me detengo entonces no puedo llevar mi vida adelante ni atender mis asuntos y obligaciones”.

 

 

Entonces decides que ya encontrarás tiempo o ya llegará ese día en que todo esté calmado y no tengas tanta presión o tanto que hacer…pero vuelves a lo mismo, la zanahoria delante siempre.

 

Con la práctica habitual de Mindfulness aprendes a salirte de esa rueda, aprendes a tomarte tus espacios y a dejar para luego lo que tal vez no sea tan urgente. También más adelante empiezas a plantearte si ese camino realmente te lleva a la felicidad o realmente la felicidad ya está disponible aquí y ahora.

 

En este antiguo post te hablo de como salir de la rueda del estrés.

 

De ninguna manera de vuelves un ser inerte o que desatiende las cosas. Todo lo contrario, estás más consciente de lo que haces pues tu mente y tu atención están en el presente, con lo que tu trabajo, relaciones y acciones son realizadas desde la consciencia y con la actitud correcta, libre de impulsos motivados por reacciones emocionales a presiones externas.

 

Así no hacen falta ansiolíticos para tratar una ansiedad que no es más que una imposición de tu mente. No es una enfermedad y no necesita ser aliviada con drogas que atontan tus funciones normales.

 

Esto ya lo saben las autoridades sanitarias y por eso cada vez más los médicos de familia recomiendan la práctica habitual de yoga, meditación y mindfulness.

 

La suerte es que ya tienes a tu alcance muchas formas de aprenderlo ya sea presencial o online. Pero más allá de aprenderlo, lo importante es que lo integres en tu vida diaria y le saques el verdadero provecho que te lleva a la transformación hacia una vida libre de estrés.

 

¿Te animas a unirte?

 

¡Un abrazo desde la calma!

 

Luis Miguel Colado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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